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Cuerdas Escondidas, por Carlos Escobar

Carlos Escobar, otorrino de profesión, corredor de maratones, clarinetista aficionado y gran melómano, escribe el Blog “Música Inesperada” en el diario “La Verdad” de Murcia. Los miembros de Saravasti nos honramos con su amistad.

Este relato es un modesto homenaje al XX Aniversario del Cuarteto Saravasti y a la noche que interpretaron música de cámara en la sala de Las Meninas del Museo del Prado

Ser un viejo laúd me ha permitido haber vivido infinidad de aventuras con los muchos propietarios que tuve. Uno de mis dueños más interesantes fue Domingo Ferrer, un rico y culto terrateniente murciano con una especial pasión por el laúd. De forma inexplicable y a pesar de que Domingo no era un hombre tacaño, el día que me compró a un anticuario decidió no sustituir el viejo estuche donde me alojaba y esto a la larga me permitió ver mucho mundo a través de los agujeros de la tela de mi funda.
Cada vez que Ferrer y yo íbamos de viaje a Madrid, visitábamos el Museo del Prado con la premisa de ver cada vez sólo seis pinturas. Una de ellas era de obligada contemplación por ser la preferida de mi dueño. Las otras cinco eran cuidadosamente seleccionadas por él en cada ocasión, con el fin de contemplarlas con absoluta tranquilidad. Domingo repetía esta pauta de manera sistemática, con independencia de si nos acompañaba alguien o no. Para él, ésta era la única forma de admirar con detalle las obras de arte expuestas en el edificio Villanueva.
El Museo Nacional del Prado había abierto al público cincuenta años antes de mi primera visita de la mano de Ferrer. Desde entonces sentí una progresiva admiración por las pinturas que poco a poco me hizo descubrir mi cultivado dueño. Se dice que los perros acaban pareciéndose a sus amos y, con el paso del tiempo, me sentí un laúd afortunado por tener la oportunidad de pasear por las estancias de la pinacoteca y regresar a la sala de pintura flamenca donde estaba nuestro admirado cuadro.
Nunca supe que significaba “La alegoría del oído” para Domingo Ferrer, pero gracias a él me enamoré perdidamente de esa obra de arte. Desde la primera impresión que tuve al contemplarlo, añoré ser ese laúd que tañía la ninfa que aparecía girada hacia el espectador con esa gracia tan lograda por Rubens y Brueghel “el Viejo”, coautores del cuadro. La pintura representaba el deleite experimentado al tocar música al tiempo que se cantaba. En el lienzo no faltaban campanillas de mano, relojes, trompas, trompetas, cascabeles, violas da gamba, violines, flautas, liras, chirimías y claves que rodeaban la desnudez de Venus que aparecía acompañada de un amorcillo. Ferrer se sobrecogía contemplando los tres laudes del cuadro: el de la ninfa, el más pequeño y de tesitura aguda con siete cuerdas que estaba situado en la parte inferior del cuadro y un tercero sobre la mesa del fondo donde unos personajes cantaban e interpretaban música.
Estas historias sobre El Prado son hoy día motivo frecuente de conversación con otros instrumentos de cuerda. Entre los que más coincido últimamente, están los cuatro que pertenecen a Gabriel Lauret, Enrique Vidal y los hermanos Diego y Pedro Sanz, miembros del Cuarteto Saravasti. Aunque estos amigos de tan buena madera suelen participar en conciertos profesionales de música de cámara, con cierta frecuencia disfrutamos de momentos entrañables en las schubertiadas privadas a las que nuestros dueños son regularmente invitados. En estas veladas musicales, una vez terminado el concierto doméstico, los instrumentos solemos quedarnos aparcados en alguna estancia de la casa al tiempo que tiene lugar el animado y, si me lo permiten, ruidoso ágape que sigue a la música. Son precisamente estos ratos aislados de los humanos en los que normalmente los instrumentos aprovechamos para hablar de nuestras cosas e intercambiar cotilleos y vivencias.
Los Saravasti, que es como llamo a mis cuatro hermanos de cuerda, fueron precisamente los primeros instrumentos que han participado en un concierto dentro del Museo del Prado, concretamente en la sala XII dedicada a Velázquez. Esto sucedió el lunes veinte de noviembre de 2006 con motivo de la celebración del 250 aniversario del nacimiento de Mozart. Imaginen ustedes lo que se debe de sentir al crear música frente a Las Meninas y que ésta difunda a las salas contiguas y alcance los oídos de Baco, Apolo, Vulcano o del mismo Cristo Crucificado. Según me contaron los Saravasti, la iniciativa de organizar un concierto abierto al público surgió de la Asociación de Amigos del Museo del Prado. El destino quiso que en tan señalado año Mozart, el salón de actos del museo estuviese en obras, por lo que el acto solo podía celebrarse dentro del propio edificio Villanueva.
Aquella mañana de otoño, sin público y bajo estrictas medidas de seguridad, mis cuatro amigos y sus dueños músicos ensayaron los cuartetos del genio de Salzburgo que luego tocarían en el programa. Me encanta oírles expresar la emoción que sintieron emitiendo sonidos musicales con tanta intimidad en la emblemática sala de Las Meninas. Horas más tarde, durante la actuación, los cuatro estarían rodeados del público que aguardó expectante durante horas en la Puerta de Velázquez. Esa noche, la pinacoteca registró un lleno absoluto y fueron muchas las personas que no pudieron entrar al concierto.
La velada musical fue un éxito por la calidad de los intérpretes y de los instrumentos, así como por las circunstancias de excepción que se dieron en torno al mismo. Los periodistas acreditados no tardaron en transmitir con justicia la excelente interpretación del Cuarteto Saravasti, cuyos miembros volvieron al hotel completamente satisfechos de haber vivido una experiencia tan seductora. Aquella inolvidable noche, el sueño de los músicos se vio fragmentado por la emoción, los recuerdos de la histórica jornada y los comentarios llenos de agradecimiento del selecto público.
Cuando Gabriel Lauret despertó a la mañana siguiente, sintió la necesidad de acariciar su violín para agradecerle su excelente comportamiento en el concierto. Al abrir el estuche, se sobresaltó al ver que el violín no estaba en su sitio y, preso de una terrible angustia y el consiguiente bloqueo mental, fue incapaz de recordar en qué momento lo guardó en su estuche tras el concierto o si se había separado un instante de él. De lo que sí estaba seguro es que, al llegar a la habitación, cerró la puerta con llave y que nadie había podido entrar en ella. La única explicación de la desaparición del violín era que alguien lo hubiese cogido dentro del museo aprovechando un pequeño descuido después del recital.
Dos horas más tarde, se recibió en el hotel una llamada del museo. El violín había aparecido. Habían registrado como locos sin ningun éxito una la sala de Las Meninas y las estancias anexas. El personal de seguridad aseguraba que con el protocolo aplicado antes, durante y después del concierto era imposible que alguien, aparte de los propios músicos, hubiese sacado ningún instrumento del edificio. Por fortuna, a un empleado del museo se le ocurrió buscar el violín en la sala XIV de pintura flamenca, justo delante del cuadro “La Alegoría del oído” de Rubens y Brueghel “el Viejo”.

Los quintetos con guitarra de Luigi Boccherini, por Carmen María Ros

La extraordinaria guitarrista Carmen María Ros ha escrito un comentario muy interesante sobre Luigi Boccherini y sus quintetos con guitarra, de los que ofreceremos conjuntamente tres el próximo sábado 4 de noviembre. Nos ha autorizado a publicarlo en este blog.

“Luigi Boccherini (1743-1805), compositor de origen italiano, pasó en España los últimos 36 años de su vida como músico de la corte. En ese tiempo compuso un enorme número de obras de diverso tipo, con una dedicación especial hacia la música de cámara con instrumentos de cuerda y un fuerte avance en el desarrollo del violonchelo solista, como gran virtuoso que era. Los últimos años de su vida no fueron muy afortunados, aunque no murió en la miseria, como cuentan antiguas crónicas. Su música dejó de sonar, quizá ensombrecida por otras modas y quedó pendiente una catalogación de un legado que incluía nada menos que 124 quintetos de cuerda, 90 cuartetos, 48 tríos, 22 sonatas para violonchelo, 28 sinfonías, oratorios, cantatas, piezas para tecla, una zarzuela…El musicólogo francés Yves Gérard (n. 1932) emprendió la tarea de clasificación y numeración de este ingente número de obras. Todavía queda labor por hacer, aunque en nuestros días su figura va alcanzando el valor que merece gracias, entre otras cosas, al encomiable empeño de sus sucesores y a través de las Asociaciónes Luigi Boccherini con sedes en Madrid y Lucca, su ciudad natal.
Hablamos de música del llamado estilo galante o rococó, con muchos ingredientes atractivos: es fresca, luminosa, chispeante a veces y envuelta en una serena melancolía otras, siempre elegante en su peculiar mezcla de estilo italiano academicista con elementos de música popular española de la época, como aires de bolero, fandangos o tonadillas.
Entre su enorme colección de obras, son de especial interés para la comunidad guitarrística nueve quintetos con cuarteto de arcos, verdaderas joyas que permiten un acercamiento al particular mundo sonoro del autor italo-español.
En 1971 Narciso Yepes grabó junto al cuarteto Melos de Stuttgart tres de ellos para el célebre sello Deutsche Grammophon.
Y para honrar la memoria del gran guitarrista lorquino -del que este año commemoramos el vigésimo aniversario de su pérdida-, tendré el gusto de tocar junto al cuarteto Saravasti el próximo día 4 de noviembre a las 20:00 h. en el Auditorio Víctor Villegas esos tres quintetos en su totalidad.
Hemos notado que hay ediciones que requieren una revisión en profundidad, trabajo que hemos realizado a pie de atril y que lejos de generarnos incomodidad, ha supuesto un extra de creatividad a nuestra versión. En concreto nos ha sorprendido el quinteto en do mayor, dividido en cuatro movimientos, que no es sino una adaptación de quintetos con piano cuyo vínculo principal es la tonalidad y que termina con la celebérrima y curiosa «ritirata de Madrid». Se han tenido que resolver aspectos relativos al fraseo, articulación, golpes de arco, notas evidentemente equivocadas, secciones inconexas, una cadencia para guitarra sin desarrollar… Así que nos sentimos un poco co-creadores de esta música y el resultado, dentro de las pretensiones que como músicos exigentes tenemos, nos satisface.
Esperamos que este recital que con tanto mimo estamos preparando sea toda una fiesta musical. Narciso Yepes y Luigi Boccherini lo merecen.
Y por supuesto, todos los aficionados a la buena música estáis cordialmente convocados.”

Carmen María Ros

Presentado el ciclo In Memoriam Narciso Yepes

Cartel In Memoriam Narciso Yepes

Nuestro compañero Diego Sanz estuvo ayer presente en el acto de presentación del homenaje a la memoria del guitarrista lorquino Narciso Yepes, organizado por la Consejería de Turismo, Cultura y Medio Ambiente, consistente en un ciclo de cuatro conciertos y que se complementarán con conferencias, clases magistrales y el estreno en la Filmoteca de la Región de un documental sobre su figura.
El primero de los conciertos, el próximo sábado 4 de noviembre en el Auditorio “Víctor Villegas” de Murcia, lo llevará a cabo Saravasti junto a la extraordinaria guitarrista Carmen Maria Ros Abellan, y en el que también participará Fuensanta Ros.

Aquí os dejamos algunos enlaces con más información:

Página de la Consejería de Cultura de Murcia

La Opinión de Murcia, 24 de octubre de 2017

Sobre el programa del XX aniversario

Cuando nos dimos cuenta de que nuestro cuarteto cumplía 20 años, además de ver lo mayores que estábamos, empezamos a preguntarnos cómo celebrarlo. Porque es digno de celebrar que un cuarteto de cuerda llegue en España a estas edades.

Al ser músicos, nos pareció que lo más normal era ofrecer un concierto y que éste fuera realmente especial, que se saliera de los formatos habituales, y que además, fuera un acto festivo, abierto para el público.

Por ello nos pareció que era una buena idea hacer una pequeña selección de movimientos de cuartetos que reflejaran nuestra trayectoria musical, y que en ella aparecieran aquellas que consideramos más significativas.

Después de elegir los movimientos, venía la cuestión de darle forma al concierto: cómo agruparlos y ordenarlos para que también tuviera sentido para el público.

Para la primera parte, nos tomamos la libertad de crear una “obra conjunta” uniendo cuatro movimientos de los cuatro grandes compositores “vieneses” de fin del XVIII y comienzos del XIX, Haydn, Mozart, Beethoven y Schubert, base del repertorio de los mejores cuartetos del mundo. Uno de los inicios más potentes de todo el repertorio es el del cuarteto op. 76 nº 2, conocido como “Quintas”, Haydn. Después pensamos que convenía rebajar la tensión y pensamos en uno de los movimientos centrales del cuarteto nº 4 en Do menor de Beethoven. Había que rebajar la tensión para preparar el maravilloso segundo movimiento de “La Muerte y la Doncella” de Schubert, uno de los primeros retos que afrontamos en nuestros primeros años. Para acabar esta parte, el final del “disonancias” de Mozart, por su carácter vivaz y jovial cerraba extraordinariamente este sucesión de movimientos.

También queríamos que estuvieran representadas algunas de las obras que hemos estrenado en este tiempo. Por ello elegimos de inicio de la segunda parte La salve de Auroros, de la Suite Folklórica sobre temas murcianos de Benito Lauret, obra que hemos interpretado en la mayor parte de nuestras salidas internacionales con gran éxito y sorpresa del público foránea por la calidad de esta obra, desgraciadamente casi desconocida en la Región de Murcia. Continuamos con un movimiento de B.L. Apuntes para un cuarteto de cuerda de José Nieto, ganador de seis premios Goya y Premio Nacional de Cinematografía, y dedicada al compositor anterior y que tuvimos el honor de estrenar el año pasado. Después, el famoso Andante cantabile del cuarteto nº1 de Chaikovski (uno de nuestros bises preferidos) y Nana Roja, compuesta especialmente para nosotros por José Zárate. Concluimos la parte “seria” con el final del cuarteto americano de Dvorak, posiblemente el cuarteto más interpretado por todos los cuartetos del mundo

Para acabar el concierto de una forma más distendida, elegimos las variaciones sobre el “cumpleaños feliz” de Heidrich, que combina motivos de diversos cuartetos con la conocidísima canción.

Y sobre las propinas, guardo silencio, para quede algo inesperado para el público que asista.

 

Gabriel Lauret

 

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